Me parece más triste que conmovedor el caso de toparse con recuerdos de hace años dentro de una vieja caja de cartón ya podrida por el agua de goteras nuevas que aparecen dentro de la casa y de maletas rotas con aroma a humedad.
Cartas que escribí hace años me hicieron cuestionarme muchas cosas y revivir momentos olvidados que en instantes volví a borrar, pues quién a sus 9 años pide a Santa el poder ser esbelto, hermoso y la paz mundial? ni miss universo lo haría, ¿cuanto daño se podría soportar?
Dientes, ropa, fotografías dentro de modelitos de plástico con lupas, de esos que daban en los circos promocionándolos como el recuerdo para recordar, lléveleeee lléveleeeee, el recuerdo para recordarrrrrr!!!!
todo reducido a cartón podrido, agua turbia y mal oliente y muchos muchos hongos desconocidos.
Hay otra duda que tengo, aunque obtuve mil respuestas sobre mi personalidad entre inocentes letras en papeles coloreados, pidiendo disculpas por haberme "portado mal", pensando como niña el no merecer regalos, pidiendo felicidad a los 6 años,no me explico que pasaba por mi mente al ofrecer en una carta un cojín y una cobijita para descansar al conejito de pascua junto con un despertador para no prologar su siesta en la sala de mi casa (el conejito llegaba en la sala porque teniamos perros grandes y podian comérselo... de hecho uno de ellos si se comió un conejo que pertenecía a mi hermana y yo lloraba pensando que no tendría chocolates de nuevo)
Y ahora después de leerlas, reir un rato y pensar, me doy cuenta que no estuve nunca tan alejada de la realidad y por eso para cerrar citaré una de mis frases, escrita en el 93, que refleja un poco la idea de poder continuar y encontrar la fuerza en falsos ídolos mediante catarsis gramatical:
"Querido santa, ayúdame a no llorar..."